Una de las cosas que tiene de bueno hacerse mayor, es que toda la información acumulada (a poco que hayamos andado con los ojos, los oídos y el corazón abiertos), comienza a encajar como un puzzle revelador.
Anoche escuché cantar a un ruiseñor mientras saboreaba la medianoche con un cigarro como el de "después de", porque había sido un día perfecto; no tenía en mente cuál era el sonido del canto del ruiseñor, pero estaba casi seguro de que lo era, porque sabía que este barítono de aspecto modesto, es estival y canta en vaguadas y riberas.
Esta mañana seguía cantando, y pertrechado con mi app de pájaros de España, pude comprobarlo.
Tiene también de bueno el otoño de nuestras vidas, que es tiempo de cosecha; si hemos sembrado bien, habremos colectado hijos, referentes y amigos, y llegado es el momento de disfrutar de ellos con una mas clara perspectiva emocional e intelectual. Por supuesto habremos sufrido también las plagas del desengaño, el dolor y las ausencias definitivas; pero nos queda tanto su enseñanza como su recuerdo, para que sean presencia y sabiduría.
Sabemos que aún nos queda mucho que aprender, pero los dedos ágiles de nuestro criterio, saben separar ya la mies de la cizaña; y lo que es mejor, tenemos más ganas de aprender que nunca. Sabemos que no nos queda demasiado tiempo; hemos dejado hace mucho de ser inmortales y despectivos, y somos ahora conscientes que hasta el ser más humilde del universo, puede enseñarnos algo valioso.
Hemos aprendido que la elegancia y la belleza no es sólo exterior, y prestamos oídos a la intuición, al brillo de los ojos y a los gestos; ya no nos deslumbran unas formas armónicas vacías como un cántaro, ni seguimos atolondrados la perniciosa voluntad de dioses cómplices con el lado oscuro. Hemos aprendido a pensar por nuestra cuenta , es decir, llegado a la edad de la razón (…bueno, unos más que otros); Que no os desespere el paso del tiempo, viene cargado de regalos: el oro de los afectos, mirra, incienso e Ibuprofeno para aguantar el tirón.
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