Mis
males empeoran; aparte de haber descubierto que soy bipolar y bajito, me acucia
la preocupación por una percepción más que inquietante en los últimos días.
He
aprendido, y muchos saben que es así, que nada es tan fácil como parece; pero
decididamente lo que voy a compartir con Uds., creo que me adentra en los
laberintos insondables de la paranoia.
Reconozco
que el partido de Felipe González ha sido siempre muy grosero en sus cambios de
rumbo, y pareciera que el último, por sus características, no hacía más que
confirmar que su “strip tease” ideológico llegaba al momento culminante. Muchos
decían saber lo que había debajo del mini-tanga que se aprestaba a dejar caer (yo entre ellos) ante los aplausos de la primera fila; pero recordad, nada es
tan sencillo.
¿Y qué
si los grandes estrategas se han disparado en el pie, la rodilla y el cerebro,
pensando en resucitar como hombre biónico?
No
puede ser tan fácil que hasta yo lo entienda; me digo, y mientras veo que Luis,
el conserje de mi edificio, canturrea mientras poda los rosales o barre, me
pregunto si no será una clave que usa para relatar mis movimientos en un walkie
talkie escondido en su mono de trabajo. ¡Siempre está canturreando cuando yo
paso!
¿Y si el
hombre biónico es Pedro Sánchez?; ¿y si la gestora es un puñado de
sacrificados progresistas dispuestos a inmolarse, y en un golpe maestro se
dejan humillar por el héroe y vamos a terceras elecciones con un candidato que
votarían todas las señoras que se han hecho fotos con él y todos los crédulos
de este país?
¡Mayoría
absoluta!
Miro
por la ventana y veo a Luis fumándose un cigarro, voy a aprovechar para salir rápidamente
del edificio, a ver si es capaz de fumar y cantar.