viernes, 15 de diciembre de 2017

Basura


Desde hace unos años se ha generalizado el uso de esta palabra más como adjetivo que como sustantivo; una aposición que encierra el juicio de los detractores de tal o cual producto, actividad o tendencia, incluyéndolos en la categoría de productos, programas o modos de pensar nocivos.
No recuerdo qué fue primero, si la "telebasura" o la "comida basura"; puede que incluso ninguno de estos dos azotes tenga el privilegio de ser la precursora de la degradación que amplía sus influencias a diferentes ámbitos.
Seguramente hemos heredado estas nomenclaturas de los sajones del norte de América, tan dinámicos e imitados a la hora de poner etiquetas proclives al retintín; legado que no tardarán en adoptar los que consideran que los términos de esa procedencia, aúpan a la condición de "estar al día" con los latidos de nuestra civilización occidental y cristiana.
El fenómeno de la Telebasura, debemos agradecérselo a los EE.UU, que en los años ochenta, comenzaron a generar programas en los que la lucha por una audiencia poco ambiciosa de calidad era lo único importante; esa batalla económica justificaba la omisión de cualquier atisbo de ética, buen gusto o veracidad y terminó haciéndose con una parte considerable de la parrilla televisiva.
El amplio espectro de público que se regodea en las miserias ajenas, la violencia, el sensacionalismo o el morbo, abrieron la espita de una carrera del MAL gusto que pronto alcanzó el PÉSIMO y promete cotas abisales tras casi cuarenta años de aquelarre del patetismo y la chabacanería.
Ni tan siquiera las televisiones estatales se libran de esta plaga, al menos en el caso de España, ya que esta, debe competir por la audiencia poco ilustrada o refinada, con unas empresas que carecen absolutamente de cualquier compromiso con la cultura, la calidad o el buen gusto si los número cuadran.
Desde que existen, hubo cine, teatro, literatura o televisión para públicos poco exigentes; pero este fenómeno que nos ocupa, desde la comida a los espectáculos, llama la atención por ser productos malsanos consumidos por diferentes estratos sociales y niveles educativos, lo que indica que su atractivo, liga más con los instintos que con el historial académico y los ingresos económicos.
Bienaventurados los consumidores de basura, a menos de una semana de las elecciones catalanas, asistimos a un espectáculo de fuegos artificiales de la peor política basura; no descarto orgasmos del respetable.

lunes, 11 de diciembre de 2017

El Forúnculo de Davos


Escribió Miguel de Unamuno en su poema Nihil novum sub sole

…tropezamos con el pasado al avanzar,  todo es renuevo;
los en brote y los secos son los mismos ramos
lo que ha de ser ha sido ya, nada hay de nuevo".

Ya hacia el siglo VIII a. C. el Oráculo de Delfos era un lugar destinado a la consulta de los dioses; estos, "recibían" al pie del Monte Parnaso en un templo sagrado dedicado a Apolo. Las Pitias o pitonisas, eran las encargadas de mediar entre estos y los mortales que acudían a pedir consejo y traducían para estos últimos las respuestas de las deidades. 

En el año 1971 (d. C.), Klaus Schwab, economista alemán, funda en Suiza el Foro Económico Mundial, que se reúne anualmente en el Monte de Davos y recibe por ello también el nombre de: Foro de Davos. Allí se reúnen los dios…, perdón, los principales líderes empresariales y políticos, periodísticos e intelectuales internacionales (participa hasta Paulo Coelho) para preparar el argumentario neoliberal para la prensa y aprovechar de paso para establecer la voluntad de los dioses.
Hace casi tres mil años la creatividad humana ya estaba desatada aunque no existiera como tal el "coaching", el "marketing" ni el "gilipolling"; según una de las tantas leyendas que narran los inicios del Oráculo de Delfos, Apolo mató a Pitón (dragón que custodiaba el oráculo de Gea) para hacerse con el negocio de guiar a los mortales fundando su propio oráculo. Como de momento no contaba con sacerdotes, desvió un barco con cretenses a los que les encomendó la atención del nuevo culto del santuario.
El oráculo se celebraba un día al mes, el día 7, considerado el día del nacimiento de Apolo; Apolo Pitio era el dios principal del santuario; sin embargo, en invierno, el protagonismo lo asumía el dios Dioniso, ya que Apolo se retiraba,  al paraíso septentrional.
Las Pitias, o pitonisas eran escogidas por su virtud, su cargo era vitalicio y su destino estaba ligado de por vida al santuario; también se las conocía como sibilas, en honor a una famosa profetisa llamada Sibila. Aquellos que la consultaban, tenían que satisfacer previamente un sacrificio ante el altar del templo y el pago de las tasas fijadas.
El Foro de Davos, en cambio, está financiado por 100 empresas miembro, cuya virtud consiste en facturar más de cinco mil millones de dólares anuales.
Entiendo que, tanto la candidez como la codicia o la política con su aspecto malicioso incluido, son milenarios; sin embargo, me cuesta mucho entender que estas prácticas antiguas y modernas, no hayan despertado o despierten susceptibilidades o desconfianzas más o menos generalizadas. ¿A qué viene que los que dirigen el cotarro y son los causantes del statu quo económico mundial se reúnan para, hipotéticamente, mejorar las condiciones de los miles de millones de desheredados que han generado con sus políticas de explotación consuetudinaria a los más débiles?
Los Reyes, señores o pudientes de hace 25 siglos, consultaban a los oráculos sobre toda clase de cuestiones; las más delicadas, las de la oportunidad de una guerra o invasión les dotaba de una exención de responsabilidad si el envite salía batracio. Ya se encargarían luego los estrategas del verso de explicar el manido asunto de lo inescrutable de los dioses.
Puedo asumir que las sociedades de hace miles de años, iletrados como eran en su gran mayoría, podían comulgar con la rueda de molino que significa que los inmortales del Olimpo hubieran montado una consultoría; lo que me irrita profundamente, es que no montemos un pollo global cada vez que se reúnen los responsables de la desigualdad y gran parte del dolor de los humildes o desvalidos de la tierra.

El forúnculo de Davos es la puesta en escena de una farsa de los que mandan, pretendiendo lavar la imagen del abuso grosero del liberalismo económico, que a través de sus medios de comunicación (la gran mayoría) mezclan el cuento de la lechera con las cuentas de la vieja para explicar porqué nunca seremos, no sólo iguales, sino, ni parecidos.